viernes, 14 de septiembre de 2012


 Conoce Más Sobre el Yasuní 

 

Parque Nacional Yasuní  


Yasuní es uno de los lugares más biodiversos del mundo, además del hogar de una de las mayores variedades genéticas de animales y plantas del planeta. Abarca cerca de un millón de hectáreas de selva tropical virgen y está situada en la Amazonia ecuatoriana, extendiéndose sobre todo en la provincia de Francisco de Orellana.
Se cree que esta zona no se congeló durante la última edad de hielo, que comenzó hace dos millones de años y se extendió hasta hace unos 10.000 años. Como resultado, se convirtió en una isla de vegetación, refugio de la flora y la fauna, donde sobrevivieron y desde donde finalmente repoblaron la Amazonía.
El Parque Nacional de Yasuní es famoso por su extraordinaria y única biodiversidad. Por ejemplo, esta selva cuenta con el mayor número de especies de árboles por hectárea en el mundo. Sólo una hectárea de Yasuní acoge el mismo número de especies de árboles nativos que toda América del Norte.
El Parque contiene el 44% de los pájaros de la cuenca del Amazonas, hecho que la convierte en uno de los lugares de aves más ricos de la tierra. Las estadísticas están llenas de ejemplos similares en cuanto a distintas variedades de murciélagos, anfibios, reptiles, abejas y otras criaturas.
En 1989 la UNESCO declaró al parque como Bio-reserva y Herencia Cultural de bido a su excepcional diversidad y la presencia de los pueblos Taromenane y Tagaeri.
El Gobierno nacional ecuatoriano declaró 700.000 hectáreas del parque “Zona Intangible”. Esta declaración implica que la zona ha de ser protegida de la minería, la extracción petrolífera, la tala de árboles, la colonización o cualquier actividad que pudiera alterar la biodiversidad y la cultura etnológica de la zona.




HABITANTES DEL YASUNÍ


Tanto en el Parque Nacional Yasuní como en sus alrededores viven tres grupos indígenas diferentes: los Waorani, los Kichwa y los Shuar. Los Waorani, quienes han vivido en armonía en el Yasuní durante siglos, han empezado ahora a perder su hogar debido a las explotaciones petrolíferas, la deforestación y la colonización.
Algunos grupos indígenas han conseguido preservar aspectos de su cultura y continuar viviendo de la forma más tradicional posible, luchando contra continuas violaciones de sus derechos.
Otros, como los Tagaeri y los Taromenane, descendientes de los antiguos guerreros, han huido a las profundidades del bosque para escapar de la “civilización” y continuar sin contacto con el mundo exterior...

WAORANI

Los Waorani han vivido en el Yasuní durante siglos. Se cree que hoy en día hay alrededor de 2.300 Waorani, que viven mayoritariamente en sus tierras ancestrales, situadas entre los ríos Curaray y Napo.
Los Waorani, cazadores y recolectores semi nómadas, necesitan un amplio territorio para desarrollar su medio de vida tradicional. Sus tierras solían extenderse más de 2.000.000 hectáreas, pero hoy en día cuentan tan solo con algo más de 612.560 hectáreas que ni siquiera les son respetados en su totalidad.

TAGAERI Y TAROMENANE

El pueblo Tagaeri se separó del Waorani en 1968 cuando, liderados por Taga, decidieron rechazar la colonización y huyeron a lo más profundo de los bosques para vivir en aislamiento.
Junto a los Taromenane constituyen las dos últimas comunidades indígenas que actualmente viven en aislamiento voluntario en Ecuador.
El origen de los Taromenane es desconocido, pero se cree que de alguna manera están emparentados con el pueblo Waorani.

SHUAR

El origen exacto de la cultura Shuar se ha perdido en el tiempo. Los Shuar que hoy en día viven en Yasuní no son originarios de esta zona, sino que se trasladaron allí a finales de 1980 desde el sur de Ecuador. Los Shuar son conocidos, para bien o para mal, por practicar tzantz, una antigua costumbre que consistía en reducir las cabezas de sus enemigos.

KICHWA

Los actuales Kichwa amazónicos son descendientes de los antiguos habitantes de la región: los Quifkos, Záparas, Omaguas, Achuar y Siona. En la propia comunidad Kichwa hay otros subgrupos.
Los Kichwa amazónicos son también conocidos como Naporunas, que significa “pueblo del río Napo” en su lengua tradicional. De acuerdo con las creencias de los Kichwa, el padre (el río Napo) fertiliza a la madre (la tierra) para asegurar la abundancia.



EL PETROLEO

'Los vertidos petrolíferos son habituales ya que las empresas petrolíferas consideran las medidas preventivas demasiado caras, mientras que los derrames petroleros son considerados como una buena manera de hacer dinero por las empresas de oleoductos. Los vertidos se filtran en la tierra, contaminan los cultivos y el agua, producen enfermedades en los animales, que infectan a los grupos indígenas y extienden las enfermedades. Los vertidos se estancan en charcas durante años; la destrucción no tiene fin.”

HISTORIA

Hasta 1958, los Waorani en particular han luchado con todas sus fuerzas contra la intrusión de las compañías petrolíferas en sus territorios, lo cual frenó durante algún tiempo el avance petrólero en la Amazonía ecuatoriana.
En ese mismo año tuvo lugar el primer contacto pacífico con las comunidades indígenas, lo cual tuvo consecuencias devastadoras, ya que la zona quedó desprotegida ante la colonización petrolera. Dos grupos indígenas, los Tagaeri y Taromenane, rechazaron totalmente esta colonización y se refugiaron en lo más profundo de la selva.

La explotación petrolífera significó la necesidad de transportar el petróleo desde la Amazonía hasta las refinerías, o lo que es lo mismo, de un lado al otro del país. Por este motivo se construyó una tubería de 420km que atravesaba los Andes. Esto conllevó una recalificación de la tierra y la tala de la parte de la selva que crecía de una a la otra punta de Ecuador, con el fin de construir carreteras. Todo este desarrollo trajo miles de colonizadores, que comenzaron a talar más y más árboles para levantar sus granjas y plantar sus cultivos. Con ellos llegaron las enfermedades, la corrupción y los conflictos, además de los devastadores efectos de las explotaciones petrolíferas.
Unos 20 años más tarde se encontraron nuevos depósitos de petróleo tanto dentro como alrededor del Parque Nacional de Yasuní, incluyendo parte de la zona estipulada como protegida y hogar de los Waorani.
Las compañías petrolíferas pronto invadieron las áreas protegidas y los 16.000 Waorani de la reserva se redujeron a tan sólo 1.000. Aquellos que vivían fuera de los límites de la reserva, los Tagaeri y los Taromenane, se encontraron en continuos conflictos con los leñadores, las multinacionales petróleras, los misioneros y numerosos intrusos que intentaron liquidar o apaciguar a cualquiera que se interpusiera en su camino hasta el petróleo.
Durante los últimos años, las fronteras del Parque de Yasuní se han ido redibujando en diversas ocasiones para acomodarlas a las explotaciones de petróleo que, de otra manera, estarían prohibidas. En 1999 la Corte Constitucional aprobó los planes de extracción de petróleo del Parque Nacional de Yasuní, un decreto que violaba el estatuto legal del parque. En el mismo año la parte sur de Yasuní fue declarada “Zona Intangible”, un territorio en teoría seguro para las comunidades indígenas no contactadas. A pesar de todo esto, la tala ilegal no se ha detenido en ningún momento.





No hay comentarios:

Publicar un comentario